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Siempre Serán Nuestros Hijos:
Un mensaje pastoral a los
padres con hijos homosexuales
y sugerencias para agentes
pastorales
Una declaración del Comité de
Obispos para el Matrimonio y la Familia
Sept. 10, 1997
English (Inglés) Version
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Prefacio
Este mensaje pastoral tiene como propósito llegar a aquellos
padres que están tratando de comprender el hecho de que un hijo,
adolescente o adulto, es homosexual. Es una súplica a las familias
para que acudan a las fuentes de la fe, la esperanza y el amor al
enfrentarse a un futuro incierto. Les pide que reconozcan que la
Iglesia les ofrece grandes recursos espirituales para darles fuerza
y apoyarlos en este momento de su vida familiar y en el futuro.
Este
mensaje se deriva del Catecismo de la Iglesia Católica, las
enseñanzas del Papa Juan Pablo II y las declaraciones de la
Congregación de la Doctrina de la Fe y de nuestra conferencia
episcopal. Este mensaje no es un tratado sobre la homosexualidad. No
es una presentación sistemática de la enseñanza moral de la Iglesia.
No abre senderos nuevos en la teología que presenta. Más bien,
basados en la enseñanza de la Iglesia, y también en nuestra
experiencia pastoral, tratamos de expresarnos con palabras de fe,
esperanza y amor a los padres que necesitan la amorosa presencia de
la Iglesia en un momento que bien podría ser uno de los más
difíciles de su vida. También tenemos la esperanza de que este
mensaje ayude a sacerdotes y agentes pastorales que frecuentemente
son los primeros a quienes padres e hijos acuden con sus luchas y
ansiedades.
En años recientes hemos tratado de acercarnos a
familias que atraviesan circunstancias difíciles. Nuestras
iniciativas tomaron la forma de declaraciones cortas, como ésta,
dirigida a las personas que tal vez pensaban que no había lugar para
ellas en el círculo de interés de la Iglesia. Siempre Serán
Nuestros Hijos sigue la misma tradición de esas otras
declaraciones pastorales.
Este mensaje no es para interceder ni
está al servicio de ninguna agenda. Tampoco se debe interpretar como
una aprobación de lo que algunos llaman "el estilo homosexual de
vivir". Siempre Serán Nuestros Hijos es dar una mano a los
padres y otros miembros de familia por parte del Comité de Obispos
sobre el Matrimonio y la Familia, y les ofrece una perspectiva
diferente a la gracia presente en la vida familiar y la invariable
misericordia de Cristo nuestro Señor.
| Es necesario
un empeño pastoral todavía más generoso, inteligente y
prudente, a ejemplo del Buen Pastor, hacia aquellas
familias que - a menudo e independientemente de la
propia voluntad, o apremiados por otras exigencias de
distinta naturaleza - tienen que afrontar situaciones
objetivamente difíciles. - Juan Pablo II,
Familiaris consortio, 1981, no. 77. |
Momento
crítico, tiempo de gracia
Al empezar a leer este mensaje usted podría sentir que su vida es
un torbellino. Usted y su familia podrían enfrentarse a una de esas
situaciones difíciles a las que se refiere el Santo Padre:
- Piensa que su hijo o hija adolescente está sintiendo la
atracción hacia personas del mismo sexo y/o ha observado
actitudes y comportamiento que le parecen confusos o lo
mortifican, o con los que no está de acuerdo.
- Su hijo o hija le ha informado de alguna manera que tiene
una inclinación hacia la homosexualidad.
- Siente una tensión entre amar a su hijo como la creación
valiosa de Dios que es y no aprobar ningún comportamiento que la
Iglesia enseña que es inmoral.
Usted no tiene que enfrentarse solo a este momento doloroso, sin
ayuda humana o sin la gracia de Dios. La Iglesia puede ser un
instrumento de ayuda y sanación. Esta es la razón por la cual los
obispos, como pastores y maestros, han escrito esta carta para usted
en particular.
En este mensaje pastoral, acudimos al don de la fe, y también a
las sólidas enseñanzas y a la práctica pastoral de la Iglesia para
ofrecer ayuda amorosa, guía responsable y recomendaciones para los
ministerios apropiados a sus necesidades y a las de sus hijos.
Nuestro mensaje trata sobre su aceptación de ustedes mismos, sus
creencias y valores, sus interrogantes y todas sus luchas actuales;
sobre su aceptación y amor por su hijo por ser un don de Dios; y de
su aceptación de la completa revelación de Dios sobre la dignidad de
la persona y el significado de la sexualidad humana. Dentro de la
visión moral católica no hay ninguna contradicción entre estos
grados de aceptación, ya que la verdad y el amor no se oponen. Están
unidos inseparablemente y arraigados en una persona, Jesucristo,
quien nos revela que Dios es la verdad suprema y el amor salvífico.
Dirigimos nuestro mensaje a toda la comunidad eclesial y
especialmente a los sacerdotes y a otros agentes pastorales pidiendo
que nuestras palabras se conviertan en actitudes y acciones según el
camino del amor que Cristo nos enseñó. Es mediante la comunidad de
fieles que Jesús nos ofrece su esperanza, ayuda y sanación para que
toda la familia pueda continuar creciendo y convertirse en la
comunidad íntima de vida y amor que Dios desea.
Aceptarse
a sí mismo
Primero consideramos los sentimientos debido a que usted puede
sentirse sobrecogido por una marejada de emociones. Aunque el don de
la sexualidad humana puede parecer a veces como un gran misterio, la
doctrina de la Iglesia sobre la homosexualidad es muy clara. Sin
embargo, debido a que los términos de esa enseñanza se han vuelto
muy personales en lo referente a su hijo o hija, es posible que
usted se sienta confuso y con conflictos internos.
Podría estar
sintiendo emociones muy diversas, y a diferentes niveles, tales como
las siguientes:
Alivio: Tal vez ya percibía por algún tiempo
que su hijo o hija era diferente en algunos aspectos. Ahora él o
ella ha venido y le ha confiado algo muy importante. Es posible que
sus hermanos se enteraron antes y tuvieron temor de contárselo. Pero,
sea como sea, se ha quitado un peso de encima. Reconozca la
posibilidad de que su hijo le haya comunicado esta noticia no para
herirlo ni para crear mayor distancia, sino por amor y confianza,
con el deseo de ser honesto, sentirse cerca y tener mejor
comunicación.
Ira: Podría sentirse engañado y manipulado por
su hijo e hija. Podría sentirse enojado con su cónyuge, culpándole
de "ser la causa de que su hijo o hija sea así"— especialmente si ha
habido dificultad en la relación entre padre e hijo. Podría sentirse
enojado consigo mismo por no haber reconocido las señales de la
homosexualidad. Junto a la ira, podría sentir desengaño, si otros
miembros de la familia, u otros hijos, han rechazado a su hermano o
hermana homosexual. También es posible estar enojado si los miembros
de la familia o los amigos parecen aceptar y hasta consentir la
homosexualidad. También—y no se puede ignorar—es posible sentirse
enojado con Dios por permitir lo que está sucediendo.
Aflicción:
Puede sentir que su hijo no es exactamente el mismo individuo que
conocía anteriormente. Puede sentir que su hijo o hija nunca le dará
nietos. La pérdida de esas ilusiones, como también la realización de
que los homosexuales sufren discriminación y mucha hostilidad, puede
causarle gran tristeza.
Temor: Puede temer que la vida y el
bienestar de su hijo o hija están en peligro a causa del prejuicio
que existe en contra de los homosexuales. Particularmente, puede
temer que la comunidad empiece a excluir a su hijo o a tratar a su
familia con desprecio. El temor de que su hijo contraiga VIH/SIDA u
otras enfermedades transmitidas sexualmente es una amenaza seria y
constante. Si su hijo se siente deprimido, usted podría temer la
posibilidad de un suicidio.
Culpabilidad, vergüenza y soledad:
"Si hubiéramos hecho . . . o si no hubiéramos hecho . . .", son
frases que pueden torturar a los padres en estos momentos. Pesares y
desengaños se levantan como fantasmas del pasado. Sentir que uno ha
fracasado puede llevarlo a un valle de vergüenza que a su vez puede
aislarlo de sus hijos, de su familia y de otras comunidades de apoyo.
Sentido
protector de padre y orgullo: Las personas homosexuales a veces
tienen la experiencia de la discriminación y los actos de violencia
en nuestra sociedad. Como padre o madre es natural que quiera
proteger a su vástago del peligro, sin importar su edad. Usted
podría insistir: "Siempre serás mi hijo o mi hija; nada cambiará eso.
También eres un hijo de Dios, con talentos y llamado a cumplir su
propósito en los planes divinos".
Mantenga presente dos cosas
importantes cuando trate de comprender todas esos sentimientos.
Primero, debe escucharlos. Puede ser que le den la clave que lo
lleve a descubrir más plenamente la voluntad de Dios para usted.
Segundo, debido a que muchos sentimientos pueden ser confusos o
conflictivos, no es necesario tratar de controlarlos todos a la vez.
Reconocerlos podría ser suficiente, pero también podría necesitar
hablar sobre esos sentimientos. No anticipe que todas las tensiones
se podrán resolver. La vida cristiana es un sendero marcado por la
perseverancia y la oración. Es también una senda que nos lleva desde
donde estamos hasta donde sabemos que Dios nos llama.
Aceptación de su hijo
¿Cuál es la mejor manera de expresar su amor, que es en sí un
reflejo del amor incondicional de Dios, hacia su hijo? Por lo menos
dos cosas son necesarias.
Primero, no rompa la comunicación; no
rechace a su hijo. Un número sorprendente de jóvenes homosexuales
termina en la calle por el rechazo de su familia. Esto y otras
presiones externas, pueden poner a los jóvenes en un mayor riesgo de
comportarse de manera autodestructiva con el abuso de narcóticos o
el suicidio.
Su hijo puede necesitarlo a usted y a su familia ahora
más que nunca. Él o ella es todavía la misma persona. Este hijo, que
siempre fue un regalo de Dios para usted, puede ser que ahora sea la
causa de otro regalo: que su familia se vuelva más honesta,
respetuosa y comprensiva. Sí, su amor enfrenta una prueba ante esta
realidad, pero también puede ser fortalecido mediante su lucha por
responder amorosamente.
La segunda manera de comunicar amor es
buscando ayuda apropiada para su hijo y para usted mismo. Si su hijo
o hija es un adolescente, es posible que dé muestras de
características que le preocupen, tales como lo que el joven lee o
ve por los medios de comunicación, amistades intensas y otras
señales y tendencias visibles. Lo que los padres necesitan hacer es
no asumir que su hijo ha desarrollado una orientación homosexual, y
cultivar una actitud que lo ayude a mantener una relación cariñosa
que proporcione a su hijo apoyo, información, ánimo y guía moral.
Los padres deberán siempre estar alertas sobre la conducta de sus
hijos e intervenir de manera responsable cuando sea necesario.
En
muchos casos, puede ser apropiado y necesario que su hijo reciba
ayuda profesional, incluyendo dirección espiritual y consejería. Es
importante, por supuesto, que esté dispuesto a hacerlo
voluntariamente. Busque un terapeuta que aprecie los valores
religiosos y que entienda la naturaleza compleja de la sexualidad.
Una persona así, tendrá la experiencia necesaria para ayudar a otros
a discernir el significado del primer comportamiento sexual, de las
atracciones y fantasías sexuales de manera que lleven a una mayor
claridad y autoidentidad. Durante ese proceso, sin embargo, es
esencial que usted permanezca abierto a la posibilidad de que su
hijo o hija esté luchando por entender y aceptar una orientación
homosexual básica.
El significado y las implicaciones del término "orientación
homosexual" no se han aceptado de manera generalizada. La doctrina
de la Iglesia reconoce que hay una distinción entre una "tendencia"
homosexual que termina siendo "transitoria", y los "homosexuales que
son definitivamente así, debido a algún tipo de instinto innato" (Congregación
para la Doctrina de la Fe, Declaración sobre ciertas preguntas de
la ética sexual, 1975, no. 8).
Por lo tanto, en vista a esa
posibilidad, es apropiado entender la orientación sexual
(heterosexual u homosexual) como una dimensión con raíces profundas
de la personalidad de cada uno y reconocer su estabilidad relativa
en la persona. Una orientación homosexual produce una atracción
emocional y sexual mayor hacia individuos del mismo sexo, en vez de
los del sexo opuesto. No excluye enteramente el interés, la atención
y la atracción hacia miembros del sexo opuesto. Tener una
orientación homosexual no significa necesariamente que una persona
participe en actividades homosexuales.
No parece haber una causa
simple de la orientación homosexual. Una opción común de los
expertos es que hay factores múltiples—genéticos, hormonales,
psicológicos—que pueden causarla. Generalmente la orientación
homosexual se vive como algo dado, no algo que se escoge. Por lo
tanto, de por sí, la orientación homosexual no puede considerarse
como pecaminosa, ya que la moralidad supone la libertad de escoger. 1
Algunas personas homosexuales quieren que públicamente se las
reconozcan como lesbianas o "gays". Estos términos frecuentemente
expresan el grado de autorealización y autoaceptación personal
dentro de la sociedad. Aunque usted pueda sentir que esos términos
son ofensivos por sus connotaciones políticas o sociales, es
necesario ser sensible a cómo su hijo o su hija los usa. El lenguaje
no debe ser una barrera a la edificación de comunicación confiada y
abierta.
Usted puede ayudar a una persona homosexual de dos maneras
generales. Primero, anímela a cooperar con la gracia de Dios para
que viva una vida de castidad. Segundo, concéntrese en la persona,
no en su orientación homosexual. Esto implica respetar la libertad
de una persona de escoger o rehusar terapia que va dirigida a
cambiar su orientación homosexual. Con el presente estado de la
ciencias médicas y sicológicas, no hay garantía de que esa terapia
funcione. Por eso, no hay obligación de participar en ella, aunque
algunos la consideren útil.
Sobre todo, es esencial recordar una
verdad fundamental. Dios ama a cada persona como individuo único. La
identidad sexual ayuda a definir a las personas únicas que somos y,
un componente de nuestra identidad sexual, es nuestra orientación
sexual. Por consiguiente, nuestra personalidad total va más allá de
nuestra orientación sexual. Los seres humanos ven las apariencias,
pero el Señor ve el corazón (cf. 1 Sm 16:7).
Dios no ama a alguien
menos porque es homosexual. El amor de Dios siempre y en todas
partes se ofrece a los que están abiertos para recibirlo. Las
palabras de San Pablo son de gran esperanza:
Estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida, ni los ángeles, ni
los poderes espirituales, ni el presente, ni el futuro, ni las
fuerzas del universo, sean de los cielos, sean de los abismos, ni
criatura alguna, podrá apartarnos del amor de Dios, que encontramos
en Cristo Jesús nuestro Señor. (Rom 8:38-39)
Aceptación del plan de Dios y del ministerio de la Iglesia
Para el cristiano, la aceptación de sí mismo y de un hijo
homosexual deberá ocurrir dentro del contexto más amplio de la
aceptación de la verdad revelada sobre la dignidad y el destino de
cada persona. La Iglesia es responsable de profesar y enseñar esta
verdad, presentándola como una vasta visión moral con aplicándola a
situaciones particulares mediante sus ministerios pastorales.
Presentaremos aquí los puntos principales de esta enseñanza moral.
Cada
persona tiene su dignidad intrínseca porque ha sido creada a imagen
de Dios. Un profundo respeto por toda la persona lleva la
Iglesia a enseñar que la sexualidad es un regalo de Dios. El que una
persona sea hombre o mujer es parte esencial del plan divino, porque
su sexualidad — una mezcla misteriosa de cuerpo y espíritu — es lo
que permite a los seres humanos compartir el amor y la vida creativa
de Dios.
Igual que todos los dones de Dios, el poder y la
libertad de la sexualidad pueden ser canalizados hacia el bien o
hacia el mal. Todos — los homosexuales y los heterosexuales
— son llamados a la madurez personal y a la responsabilidad. Con la
ayuda de la gracia de Dios, todos están llamados a comportarse según
la virtud de la castidad en las relaciones personales. La castidad
significa la integración de pensamientos, sentimientos y acciones en
la dimensión de la sexualidad humana, de manera que se valore y
respete la dignidad personal propia y la de los demás. Es "el poder
espiritual el que libera al amor de su egoísmo y agresión" (Concilio
Pontificio para al Familia, La verdad y el significado de la
sexualidad humana, 1996, no. 16).
Cristo llama a todos
sus seguidores — ya sean casados o célibes — a una vida regida por
una norma superior de amar. Esto incluye no sólo la
fidelidad, el perdón, la esperanza y la perseverancia y el
sacrificio, sino también la castidad que se expresa en la modestia y
el auto-control. La vida de castidad es posible, aunque no siempre
es fácil, porque implica un esfuerzo continuo para avanzar hacia
Dios y alejarse del pecado, especialmente con la fuerza de los
sacramentos de la Penitencia y la Eucaristía. Sin duda, Dios espera
que todos busquen la perfección del amor, pero que lo logren
gradualmente pasando por las etapas del crecimiento moral (cf. Juan
Pablo II, Sobre la familia, 1981, no. 34). Para mantenernos
firmes en el camino de la conversión, tenemos a nuestro alcance la
gracia de Dios que es suficiente para todos los que están dispuestos
a recibirla.
Ademàs, cuando las personas homosexuales "dediquen sus
vidas a entender la naturaleza de la llamada personal que Dios les
hace, podrán celebrar el sacramento de la penitencia con más
fidelidad y recibir la gracia del Señor que tan libremente se les
ofrece allí para convertir sus vidas a la plenitud de su camino" (Congregación
para la Doctrina de la Fe, Carta sobre el Cuidado Pastoral de
Personas Homosexuales, 1986, no. 12).
Para vivir y amar con
castidad hay que entender que "sólo dentro del matrimonio el acto
sexual simboliza a plenitud el doble designio del Creador, un acto
de amor comprometido con el potencial de procrear una nueva vida
humana" (United States Catholic Conference, Human Sexuality: A
Catholic Perspective for Education and Lifelong Learning [La
sexualidad humana: una perspectiva católica para la educación y la
vida de continuo aprendizaje], 1991, p. 55). Esta es una enseñanza
fundamental de nuestra Iglesia sobre la sexualidad, enraizada en el
relato bíblico del hombre y la mujer creados a imagen de Dios y
hechos para la unión mutua (Gn 2-3).
A esto siguen dos conclusiones.
Primero, el plan de Dios es que el acto sexual ocurra solamente
dentro del matrimonio entre un hombre y una mujer. Segundo, cada
acto de intimidad sexual tiene que estar abierto a la posible
creación de una vida humana. La relación sexual entre homosexuales
no cumple esas dos condiciones. Por eso, la Iglesia enseña que el
comportamiento "homo-genital" es objetivamente inmoral, pero al
mismo tiempo hace la distinción entre este comportamiento y la
orientación homosexual que no es de por sí, inmoral. Es importante
reconocer que ni la orientación homosexual ni la heterosexual, lleva
inevitablemente a la actividad sexual. La totalidad de la persona no
se puede reducir a su orientación ni a su comportamiento sexual.
El
respeto por la dignidad que Dios concede a todos los seres humanos
significa que hay que reconocer los derechos humanos y las
responsabilidades. La enseñanza de la Iglesia expresa muy
claramente que los derechos humanos de las personas homosexuales
deben ser defendidos y que todos tenemos la obligación de luchar por
eliminar cualquier forma de injusticia, opresión o violencia en su
contra (cf. El cuidado pastoral de personas homosexuales,
1986, no. 10).
No es suficiente evitar la discriminación injusta.
Las personas homosexuales "deben ser acogidas con respeto, compasión
y delicadeza" (Catecismo de la Iglesia Católica, no. 2358).
Como es cierto de todos los seres humanos, necesitan ser
fortalecidos simultáneamente en diferentes niveles. Esto incluye la
amistad, la cual es una manera de amar esencial al desarrollo humano
que es saludable así como también es una de las experiencias humanas
más enriquecedoras. La amistad puede florecer, y de hecho florece,
fuera de las relaciones sexuales genitales.
La comunidad
cristiana debe ofrecer a sus hermanos y hermanas homosexuales
comprensión y servicios pastorales. Hace más de veinte años
nosotros los obispos dijimos que "los homosexuales... deberían tener
un papel activo en la comunidad cristiana" (National Conference of
Catholic Bishops, To Live in Christ Jesus: A Pastoral Reflection
on the Moral Life [Vivir en Cristo Jesús: Una reflexión pastoral
sobre la vida moral], 1976, p. 19). ¿Qué significa eso en la
práctica? Significa que las personas homosexuales tienen el derecho
de sentirse bienvenidos en la comunidad, de oír la palabra de Dios y
de recibir servicios pastorales. Las personas homosexuales que viven
castamente deben tener oportunidades para dirigir y servir a la
comunidad. Sin embargo, la Iglesia tiene el derecho a negar
funciones públicas de servicio y liderazgo a personas, ya sean
homosexuales o heterosexuales, cuyo comportamiento público viole
abiertamente sus enseñanzas.
La Iglesia también reconoce la
importancia y la urgencia de servir a las personas con VIH/SIDA.
Aunque el VIH/SIDA es una epidemia que afecta a toda la raza humana,
no sólo a los homosexuales, ha venido teniendo un efecto devastador
entre ellos y ha llenado de angustia a muchos padres, familias y
amistades.
Sin dar aprobación a un comportamiento autodestructivo
ni negar la responsabilidad personal, rechazamos la idea de que el
VIH/SIDA es un castigo directo de Dios. Además
Personas afectadas por el SIDA no son personas distantes,
extrañas, objetos de una mezcla de piedad y aversión. Tenemos que
tenerlos presentes en nuestra conciencia como individuos y comunidad,
y abrazarlos con amor incondicional. La compasión y el amor hacia
las personas afectadas por VIH son la única respuesta auténticamente
bíblica (National Conference of Catholic Bishops, Called to
Compassion and Responsibility: A Response to the HIV/SIDA Crisis,
[Llamados a la compasión y la responsabilidad: Una respuesta a la
crisis del VIH/SIDA], 1989).
No hay nada en la Biblia ni en la doctrina católica que se pueda
usar para justificar actitudes y comportamientos prejuiciados o
discriminatorios. 2
Reiteramos aquí lo que hemos dicho anteriormente en otra declaración:
Llamamos a todos los cristianos y ciudadanos de buena voluntad a
confrontar sus propios temores sobre la homosexualidad y a impedir
las bromas y la discriminación que ofenda a los homosexuales.
Sabemos que una orientación homosexual conlleva suficiente ansiedad,
dolor e inquietudes relacionadas a la autoaceptación como para que
la sociedad añada más prejuicios (Human Sexuality: A Catholic
Perspective for Education and Lifelong Learning, 1991, p. 55).
Recomendaciones Pastorales
Con la meta clara de vencer el aislamiento que usted, su hijo o
su hija estén viviendo, le ofrecemos estas recomendaciones; también
van dirigidas a los sacerdotes y ministros pastorales.
A los
padres:
- Acéptense y ámense ustedes mismos como padres para poder
aceptar y amar a su hijo o su hija. No se culpen por su
orientación homosexual.
- Hagan todo lo posible para continuar demostrando amor por su
hijo. Sin embargo, la aceptación de su orientación homosexual no
tiene que incluir la aprobación de todo lo relacionado con las
actitudes y el comportamiento que elija. De hecho, usted puede
cuestionar ciertos aspectos de su estilo de vida que considere
objetables.
- Inste a su hijo o a su hija a permanecer dentro de la
comunidad de fe católica. Si ha dejado la Iglesia, estimúlelo a
volver y a reconciliarse con la comunidad, especialmente
mediante el sacramento de la Penitencia.
- Recomiende a su hijo o a su hija que busque un director
espiritual/mentor que le ofrezca consejos en la oración y en
cómo vivir una vida casta y virtuosa.
- Busque ayude para usted también, tal vez en la forma de
consejería o dirección espiritual, mientras trata de encontrar
entendimiento, aceptación y paz interior. También, considere
unirse a un grupo de apoyo o participe en un retiro dirigido a
los padres católicos de hijos homosexuales. Otras personas han
tenido que andar por esa misma ruta pero puede ser que hayan
avanzados más en la jornada. Pueden compartir maneras eficaces
de manejar situaciones familiares delicadas tales como la forma
de hablar sobre su hijo a otros miembros de la familia y
amistades, cómo explicar la homosexualidad a niños menores y
cómo tratar cristianamente a las amistades de su hijo o hija.
- Acudan en espíritu de amor y servicio a otros padres que
también luchan con la homosexualidad de un hijo o una hija.
Contacten a su parroquia sobre la posibilidad de organizar un
grupo de apoyo para padres. Su oficina diocesana para el
ministerio familiar, Caridades Católicas o un ministerio
diocesano especial para personas homosexuales pueden ayudarlo.
- Al hacer uso de las oportunidades para la educación y apoyo,
recuerde que sólo usted puede cambiar; sólo usted puede ser
responsable de sus propias creencias y acciones, no por las de
sus hijos adultos.
- Pongan toda su fe en Dios que es más poderoso, más compasivo
y más misericordioso de lo que nosotros somos o podemos ser.
A los ministros de la Iglesia:
- Pónganse a la disposición de los padres y las familias que
les piden su ayuda pastoral, consejería espiritual y oración.
- Reciban a las personas homosexuales en la comunidad de fe y
busquen a los que están marginados. Eviten los estereotipos y
las condenas. Traten primero de escuchar. No piensen que todas
las personas homosexuales están sexualmente activas.
- Aprendan más sobre la homosexualidad y la doctrina de la
Iglesia para que su prédica, enseñanza y consejería sean bien
informadas y efectivas.
- Cuando hablen en público use las palabras "homosexual",
"gay" y "lesbiana" con honestidad y correctamente.
- Mantengan una lista de agencias, grupos comunitarios,
consejeros y otros expertos que puedan referir a personas
homosexuales o a sus padres y familiares cuando ellos le piden
asistencia especializada. Recomienden agencias que concuerdan
con la doctrina católica.
- Ayuden a establecer o promover grupos de apoyo para padres y
miembros de la familia.
- Infórmese sobre el VIH/SIDA para tener más conocimiento y
ser más compasivo en su ministerio. Incluya oraciones en la
liturgia para los que viven con VIH/SIDA, los que los cuidan,
los que han fallecido y sus familias, sus compañeros y amistades.
Una misa especial para la sanación y la unción de los enfermos
puede celebrarse con motivo del Día Mundial del SIDA (diciembre
1ro) o con un programa local para informarse del SIDA.
Conclusión
Para San Pablo el amor es el principal don espiritual. San Juan
considera que el amor es la señal segura de la presencia de Dios.
Jesús propuso que es la base de los dos principales mandamientos que
cumplen toda la ley y los profetas.
El amor, también, es la
continua historia de la vida de cada familia. El amor se puede
compartir, nutrir, rechazar y algunas veces, perder. Seguir el
camino del amor de Cristo es el reto al que se enfrenta cada familia
hoy. Su familia ahora tiene una oportunidad para compartir y aceptar
el amor. Nuestras comunidades eclesiales están también llamadas a
comportarse con un grado ejemplar de amor y justicia. Nuestros
hermanos y hermanas homosexuales — en realidad, todos los humanos —
han sido invitados a amar responsablemente.
A nuestros hermanos y
hermanas homosexuales les ofrecemos una palabra final. Este mensaje
es una mano abierta a sus padres y familiares que los invita a
aceptar la gracia de Dios presente en sus vidas ahora y a confiar en
la misericordia segura de Jesús nuestro Señor. Ahora les extendemos
la mano y los invitamos a hacer lo mismo. Estamos llamados a
convertirnos en un solo cuerpo, un solo espíritu, en Cristo. Nos
necesitamos unos a otros porque así "creceremos de todas maneras
hacia Aquel que es la Cabeza, Cristo. Él da organización y cohesión
al cuerpo entero, por medio de una red de articulaciones, que son
los miembros, cada uno con su actividad propia, para que el Cuerpo
crezca y se construya a sí mismo en el amor" (Efe, 4:15-16).
Aunque
a veces se sientan desanimados, heridos o enfadados, no abandonen a
sus familias, a su comunidad cristiana ni a los que los aman. En
ustedes se revela el amor de Dios. Ustedes siempre serán nuestros
hijos.
|
En el amor no hay temor. El amor
perfecto echa fuera el temor. (1 Jn 4:18) |
Bibliografía de la Doctrina de la Iglesia
Catecismo de la Iglesia Católica, 2357-2359. U.S. Catholic
Conference, 1994.
Concilio Pontificio para la Familia. The Truth
and Meaning of Human Sexuality. U.S. Catholic Conference,
1996.
Congregación para la Doctrina de la Fe. Carta a los
obispos de la Iglesia católica sobre el cuidado pastoral de personas
homosexuales. 1986.
Congregación para la Doctrina de la Fe.
Declaración sobre ciertas cuestiones sobre la ética sexual (Persona
Humana). 1975.
National Conference of Catholic Bishops. To
Live in Christ Jesus: A Pastoral Reflection on the Moral Life.
1976.
National Conference of Catholic Bishops. Called to
Compassion and Responsibility: A Response to the HIV/SIDA Crisis.
U.S. Catholic Conference, 1990.
National Conference of Catholic
Bishops. Human Sexualidad: A Catholic Perspective for Education
and Lifelong Learning. U.S. Catholic Conference, 1991.
Papa
Juan Pablo II. El Esplendor de la Verdad (Veritatis Splendor).
1993.
Papa Juan Pablo II. Exhortación Apostólica sobre la
familia (Familiaris Consortio). 1981.
Notas
- The Catechism of the Catholic Church states also: "This
inclination, which is objectively disordered, constitutes for
most [persons with the homosexual inclination] a trial" (no.
2358).
- In matters where sexual orientation has a clear relevance,
the common good does justify its being taken into account, as
noted by the Congregation for the Doctrine of the Faith in
Some Considerations Concerning the Response to Legislative
Proposals on the Non-Discrimination of Homosexual Persons,
1992, no. 11.
Siempre Serán Nuestros Hijos: Un mensaje pastoral a los padres
con hijos homosexuales y sugerencias para agentes pastorales es
una declaración del Comité de NCCB para el Matrimonio y la Familia.
Se preparó en el Secretariado para Familia, Laicos, Mujeres y
Jóvenes bajo la supervisión de dicho comité. Su publicación fue
aprobada por el Comité Administrativo el 10 de septiembre de 1997 y
el signatario autorizó su publicación.
Monseñor Dennis M. Schnurr, Secretario General, NCCB/USCC
Las citas bíblicas fueron tomadas de la Biblia Latinoamericana
con derecho de Ramón Ricciardi y Bernardo Hurault, © 1972. Ediciones
Paulinas, Editorial Verbo Divino, 1989. Se usan con permiso.
Copyright © 1997, United States Catholic Conference, Inc.,
Washington, D.C. Se reservan todos los derechos. Ninguna porción de
este documento puede reproducirse o ser transmitida en forma o medio
alguno, ya sea electrónico o mecánico, incluyendo fotocopias,
grabados, o por ningún sistema de recuperación y almacenaje de
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